¿Qué es la Psicoterapia?

jotitos021.jpgLa Psicoterapia es un proceso de comunicación entre un psicoterapeuta (es decir, una persona entrenada para evaluar y generar cambios) y una persona que acude a consultarlo («paciente» o «cliente») que se da con el propósito de una mejora en la calidad de vida en este último, a través de un cambio en su conducta, actitudes, pensamientos o afectos.El tratamiento de problemas diarios se refiere más a menudo como «consejo» (una distinción adoptada originalmente por Carl Rogers) pero el término se utiliza a veces alternativamente con «psicoterapia». Además, el término psicoterapia no presupone una orientación o enfoque científico definido, siendo considerado denominativo de un amplio dominio científico-profesional especializado, que se especifica en diversas orientaciones teórico-prácticas.

Dentro de la psicoterapia existe una gran diversidad de corrientes, enfoques y conceptos teóricos aplicados al ámbito psicoterapéutico, que dan origen a otras tantas maneras de establecer este contexto de comunicación. Sin embargo, dos características que unifican a la psicoterapia son:

  1. El contacto directo y personal entre el psicoterapeuta y quien le consulta, principalmente a través del diálogo.
  2. La calidad de «relación terapéutica» del contexto de comunicación, esto es, una relación de ayuda destinada a generar un cambio en quien consulta.

Debido a la naturaleza de las comunicaciones que se establecen dentro de esta relación, hay temas significativos de privacidad o confidencialidad de la información intercambiada, que remite a consideraciones éticas para el ejercicio de la psicoterapia (código deontológico). Por esto, la habilitación de quienes pueden ejercer la psicoterapia requiere de un proceso de entrenamiento guiado por terapeutas que cuentan con mayor tiempo de experiencia o estudios dentro del campo respectivo.

¿Qué es el TDAH?

Es un trastorno de causa poco clara, probablemente con la intervención de factores genéticos y ambientales, en el que existe una alteración a nivel del sistema nervioso central, manifestándose mediante un aumento de la actividad, impulsividad y falta de atención, y asociándose con frecuencia otras alteraciones.

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El factor genético está demostrado, puesto que el TDAH es 5-7 veces más frecuente en hermanos y 11-18 veces más frecuente en hermanos gemelos. Se han descrito varios genes posiblemente implicados.

El TDAH es una de las causas más frecuentes de fracaso escolar y de problemas sociales en la edad infantil.

Niños que mojan la cama

pipi-e1.jpgLa mayor parte de los niños dejan de orinarse en la cama alrededor de los tres años de edad. Cuando un niño se sigue orinando después de los tres años mientras duerme, enuresis nocturna, los padres se inquietan.

Los médicos enfatizan que la enuresis no es una enfermedad, sino un síntoma bastante común. Accidentes ocasionales pueden ocurrir, particularmente cuando el niño está enfermo. Se presentan algunos datos que los padres deben saber acerca de la enuresis:

  • Aproximadamente el 15 porciento de los niños mayores de los tres años se orinan en la cama mientras duermen.
  • Los niños se orinan en la cama con mayor frecuencia que las niñas.
  • La enuresis puede ser común en la familia.
  • La enuresis cesa generalmente en la pubertad.

El orinarse persistentemente en la cama después de los tres o cuatro años raramente significa que el niño tiene un problema de los riñones o de la vejiga. Algunas veces puede estar relacionado con un desorden del dormir. En la mayoría de los casos, es el resultado del desarrollo lento del control de la vejiga. La enuresis también puede ser el resultado de emociones y tensiones que requieren atención.

La enuresis puede tener un sinnúmero de causas emocionales. Por ejemplo, cuando un niño pequeño comienza otra vez a orinarse en la cama después de meses o años de no hacerlo, se sospecha que estos síntomas están causados por nuevos temores o inseguridades. Por lo general sucede después de algún evento que lo haga sentirse inseguro: el traslado de la familia a otro pueblo, la pérdida de un ser querido o especialmente un nuevo bebé en la familia. A veces la enuresis vuelve a comenzar después de un período en el que el niño ha estado seco ya que el proceso original de aprendizaje de ir al baño fue muy intenso y le ha causado demasiado estrés.

Los padres deben de recordar que los niños no se orinan en la cama a propósito y que por lo general les da vergüenza cuando esto sucede. En vez de hacer que el niño se sienta avergonzado o tímido, los padres deben de alentarlo y demostrarle confianza de que pronto logrará dormir la noche entera sin orinarse. El consejo del pediatra a menudo puede ser muy útil.

En algunos casos raros, el problema de la enuresis no puede ser resuelto ni por los padres, ni por el pediatra, ni por el médico de familia. A veces el niño muestra síntomas de problemas emocionales, tales como la tristeza o irritabilidad constante, un cambio en el apetito o en los hábitos de dormir. En estos casos, los padres deben de hablar con un psiquiatra de niños y adolescentes, quien podrá evaluar los problemas físicos y emocionales que puedan estar causando la enuresis y quien podrá ayudar al niño y a sus padres a resolver estos problemas.

Suicidio en Adolescentes

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El suicidio entre los adolescentes de este país ha tenido un aumento dramático en los años recientes. Cada año miles de adolescentes se suicidan en los Estados Unidos. El suicidio es la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre 5 y 14 años.

Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre sí mismos, presión para lograr éxito, inquietudes financieras y otros miedos mientras van creciendo. Para algunos adolescentes, el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros, o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de sí mismos. En algunos casos, el suicidio aparenta ser una “solución.”

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Hay que reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando los padres sospechan que el niño o el joven puede tener un problema serio, un exámen psiquiátrico puede ser de gran ayuda.

Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión. Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio. Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que si el joven presenta uno o más de estos síntomas, los padres tienen que hablar con su hijo sobre su preocupación y deben buscar ayuda profesional si los síntomas persisten.

  • Cambios en los hábitos de dormir y de comer.
  • Retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales.
  • Actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa.
  • Uso de drogas o del alcohol.
  • Abandono poco usual en su apariencia personal.
  • Cambios pronunciados en su personalidad.
  • Aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar.
  • Quejas frecuentes de dolores físicos tales como los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven.
  • Pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones.
  • Poca tolerancia de los elogios o los premios.

El adolescente que está contemplando el suicidio también puede:

  • Quejarse de ser “malo” o de sentirse “abominable.”
  • Lanzar indirectas como: “no les seguiré siendo un problema”, “nada me importa”, “para qué molestarse” o “no te veré otra vez.”
  • Poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc.
  • Ponerse muy contento después de un período de depresión.

Si el niño o adolescente dice, “Yo me quiero matar” o “Yo me voy a suicidar”, tómelo muy en serio y llévelo a un psiquiaatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. A la gente no le gusta hablar de la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de “ponerle ideas en la cabeza”; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas.

Con la ayuda de la familia y con tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar y regresar a un camino más saludable de desarrollo.

Niños que no prestan atención

Los padres se preocupan mucho cuando reciben una carta de la escuela diciendo que el niño “no le presta atención a la maestra” o que “se porta mal en la clase”. Una posible causa para este tipo de comportamiento es el Desorden de Deficiencia de Atención debido a la Hiperactividad (ADHD — Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder).

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Aun cuando el niño con ADHD quiere ser un buen estudiante, su comportamiento impulsivo y su incapacidad para concentrarse o para prestar atención se lo impiden. Los maestros, los padres y los amigos saben que el niño “se está portando mal” o que “es diferente”, pero no saben exactamente qué es lo que le pasa. Un psiquiatra de niños y adolescentes puede diagnosticar y tratar al niño con ADHD.

En los niños pequeños los síntomas de “hiperactividad” del ADHD pueden incluir el excesivo correr y trepar, en los niños mayores se observa la incapacidad para estarse quietos y el estar agitados. En contraste con un alto nivel de actividad normal en algunos niños, la hiperactividad es muy irregular, mal organizada y sin metas específicas. El ADHD es diez veces más común en niños que en niñas.

El niño con ADHD presenta varias de las siguientes características:

tiene dificultad organizando su trabajo y da la impresión de que él o ella no ha escuchado las instrucciones;

  • se distrae fácilmente;
  • comete errores por ser descuidado o por ser impulsivo;
  • habla demasiado en clase;
  • no tiene paciencia para esperar su turno en situaciones de grupos;
  • no puede terminar nunca lo que los padres le piden; o
  • no puede jugar durante la misma cantidad de tiempo que otros niños de su edad.

Sin el tratamiento adecuado, el niño se atrasa en sus estudios y pierde sus amistades como resultado de su falta de cooperación en los juegos y en las otras actividades sociales. Su amor propio sufrirá porque sufre más fracasos que éxitos y es muy criticado por maestros y familiares, quienes no reconocen su problema de salud.

Las investigaciones científicas demuestran que hay medicinas que pueden ayudar al niño en ese caso. La medicina que se usa para el ADHD es más eficaz cuando es parte de un plan de tratamiento comprensivo que incluye evaluaciones frecuentes, y por lo general, psicoterapia médica para el niño, ayuda a la familia y consultas con los maestros.

Si el niño demuestra tener problemas de conducta, como los del ADHD, los padres pueden pedirle a su médico de familia o al pediatra que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar y tratar al niño con la enfermedad. Reuniéndose con el psiquiatra de niños y adolescentes los padres pueden aprender cómo hacerle frente al problema del niño. Además, el psiquiatra de niños y adolescentes ayuda frecuentemente a los maestros y oficiales escolares a determinar cuáles son los métodos efectivos para enseñar a los niños que sufren del Desorden de Deficiencia de Atención debido a la Hiperactividad.

Desorden Obsesivo Compulsivo

El desorden obsesivocompulsivo (OCD – Obsessive-Compulsive Disorder) usualmente comienza en la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta y puede ocurrir en 1 de cada 200 niños y adolescentes. El OCD se caracteriza por obsesiones y/o compulsiones recurrentes que son lo suficientemente intensas para causar malestares severos. Las obsesiones son pensamientos recurrentes y persistentes, impulsos o imágenes no deseadas que causan marcada angustia o ansiedad. Frecuentemente, éstas son irracionales e irreales. No son simplemente preocupaciones exageradas acerca de problemas de la vida real. Las compulsiones son el comportamiento repetitivo o ritual (como lavarse las manos, acumular cosas, poner las cosas en un orden determinado, comprobar algo repetidamente) o actos mentales (como contar, repetir palabras en silencio, evitar acciones o cosas). Con OCD, las obsesiones o compulsiones causan una ansiedad significativa o angustia, e interfieren con la rutina normal del niño, su funcionamiento escolar, sus actividades sociales o sus relaciones.

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Los pensamientos obsesivos varían con la edad del niño y pueden cambiar a través del tiempo. Un niño pequeño con OCD puede temer que le hagan daño a él o a un miembro de su familia, por ejemplo, que un intruso entre por una ventana o puerta abierta. La compulsión llevará al niño a seguir comprobando que las puertas y ventanas de la casa están cerradas aun después de que sus padres se acuesten, tratando así de aliviar su ansiedad. Al niño le dará miedo de haber dejado una puerta o ventana abierta sin darse cuenta mientras comprobaba si estaba cerrada y luego compulsivamente tendrá que comprobar otra vez si está o no abierta.

Un niño de edad escolar o adolescente con OCD puede tenerle miedo a enfermarse con gérmenes, al SIDA o a comida contaminada. Para poder sobrellevar estas ideas, el niño puede desarrollar “rituales” (comportamiento o actividad que se repite). A veces, la obsesión y la compulsión están vinculadas: “Temo que esta cosa mala pasará si dejo de comprobar o de lavarme las manos, así es que no puedo dejar de hacerlo aunque no tenga ningún sentido”.

Las investigaciones indican que el OCD es un desorden del cerebro que tiende a repetirse en las familias, aunque esto no significa que el niño necesariamente ha de manifestar los síntomas. Algunos estudios recientes demuestran que el OCD puede manifestarse o empeorarse después de una infección por estreptococos. Un niño puede desarrollar OCD sin tener un historial familiar.

Los niños y adolescentes a veces sienten vergüenza y se abochornan porque tienen OCD. Muchos creen que esto quiere decir que están locos. La buena comunicación entre padres y niños los puede ayudar a comprender el problema y así los padres pueden darle el apoyo apropiado a su niño.

La mayoría de los niños con OCD se pueden tratar mediante una combinación de psicoterapia (especialmente con las técnicas cognoscitivas y de comportamiento) y con medicamentos, como los inhibidores selectivos a la reabsorción de la serotonina (SSRI). El apoyo y la educación de la familia son también centrales para el éxito del tratamiento. La terapia con antibióticos puede ser útil en los casos donde la enfermedad está vinculada a una infección por estreptococos.

El buscar la ayuda de un psiquiatra de niños y adolescentes es importante para poder entender los problemas complejos causados por el OCD.